El Santinismo fatal

Por: Luis Dávila Colón

Nunca he sido profeta en mi propia tierra. En 1982, apenas iniciando mi carrera de analista, le advertí al PNP sobre los desgastes de Carlos Romero Barceló y apoyé la causa de la Renovación. Los estadistas no me escucharon. Romero salió nominado y terminó perdiendo la elección del 84. En 1987 y 1988 fiscalicé y me opuse al desgobierno de Hernández Colón y Sila Calderón. El país tampoco me atendió. RHC y su Secretaria de la Gobernación fueron reelectos un año después, y todavía hoy, pagamos las consecuencias.

En 1994 y 1995 advertí en mis columnas periodísticas que el talón de Aquiles del gobierno Rosselló era la corrupción y que el PNP se había convertido en una finca de políticos profesionales más interesados en administrar la colonia que en la descolonización. Rosselló salió reelecto y el problema de corrupción y la falta de principios, integridad y verticalidad ideológica los paga hoy el PNP con creces. En el año 2000 escribí el libro de godSila pintándole al país la incompetencia, la prepotencia, la vileza y la oscura naturaleza de Sila Calderón. Puerto Rico no me oyó. Después de las elecciones hasta los Monseñores me excomulgaron por ser una de las pocas voces que se oponía a la nueva beatería del silismo mariano. El país terminó perdiendo.

En las Primarias de 1999 le avisé al PNP que Jorge Santini era un político de pintura y capota que sólo interesaba el poder y que detrás de la fachada es tan solo un tigre de papel. El electorado del PNP ignoró nuevamente mi reclamo y por 70% nominó a Santini para alcalde de San Juan. Un año más tarde, cuando todas las encuestas y vaticinios daban a Santini como un seguro ganador por 30 y 40 mil votos, la entonces nueva esperanza blanca prevaleció por escasamente 3 mil votos. Por primera vez en la historia, el PNP perdió el distrito senatorial de San Juan. La tasa de participación en la Capital bajó de 87% a 78%. El tigre de papel llegó herido a la alcaldía para utilizarla de trampolín de sus ambiciones y las de sus inversionistas.

Tengo que hacer esta historia porque en muchos sentidos somos lo que elegimos. Desafortunadamente, no todo lo que brilla es oro, aun cuando nos deslumbra el resplandor.

Lo dije y lo repito. Ahora, con el beneficio de los eventos y todo un récord de ejecutorias públicas. Jorge Santini es un fraude, un político deshonesto, un carrerista profesional, un calco exacto de Sila María Calderón. El santinismo. El clon azul del silismo. Otra ilusión fatal.

No lo digo porque tenga algo personal contra él. Lo que pasa es que las canas me han dado la experiencia y la sabiduría para detectar el carácter y las debilidades de los políticos y desenmascararlos cuando todavía brillan sus estrellas. Disectemos este ejemplar.

Igual que su predecesora, al cabo de dos años Santini no tiene una sola obra de envergadura en San Juan. Hace unas semanas le admitió a este periódico que sus logros como alcalde son: un campo de golf, una escuela y una casa cuna que todavía no se han construido. El campo de golf, dicho sea de paso, se ha tornado ya en un virtual relajo con cambios de compañía y cambios de planes. De hecho, el 21 de agosto del año pasado Santini anunciaba que desistía del campo de golf para desarrollar una finca hidropónica en el vertedero. Ni lo uno ni lo otro.

Al llegar a la alcaldía, el 14 de marzo del 2001 (EV-p.6), el santinismo decretó una emergencia fiscal e invocó la austeridad, porque Sila Calderón le dejó un déficit de $72 millones. El 6 de abril del 2001, (EV-p.5) prometió que no gastaría dinero en publicidad innecesaria y que mantendría una estricta separación entre los asuntos públicos y sus actividades políticas. Al otro día este periódico le tiró un editorial acusándolo de no haber hecho nada y de politiquear en la alcaldía en sus primeros 100 días.

Dos años después, San Juan no tiene obra pero el gran Santini ha despilfarrado $20 millones en publicidad y en francachelas, $8 millones en el concurso Miss Universe, $26 millones en la remodelación del Bithorn, y ha repartido contratos millonarios para su publicitaria de campaña y para la sociedad conyugal del ex director de finanzas de su campaña.

En el 2000, Santini prometió que no aspiraría a la gobernación y que le daría 8 años a la alcaldía, cuando lo acusaron de ser trepador político. Pocos recuerdan que el 17 de abril del 2000, antes de cumplir los 100 días como alcalde, Santini abrió las puertas para buscar la gobernación y dijo que estaba disponible a presidir su partido si la base lo reclutaba. De ahí para acá, el Alcalde le ha hecho la vida imposible a todos y cada uno de los presidentes de su partido, empezando por Carlos Pesquera, Norma Burgos, Leo Díaz y ahora de nuevo Pesquera. El 22 de agosto del 2001, (EV-p.10), Santini dijo: "no estoy en carrera para puesto político alguno". Nueve semanas después en un golpe de la maquinaria de alcaldes, era impuesto como Vicepresidente de la Palma. Las semillas de la discordia fueron emplazadas por los políticos profesionales.

El Alcalde de la Capital logró su nominación corriendo contra la maquinaria y contra los políticos de profesión y una vez en el poder, se ha convertido en el padrino de los carreristas, de los pollos de Misla y de los políticos quemados que han acabado con los ideales y los principios en el PNP. Nuno López lo adora. Peña Clos lo endosó. De Castro Font lo protegió. César Torres lo sigue. Iris Miriam, Albita Rivera y Junior González lo defienden a cada oportunidad. No es de extrañar entonces que Santini sea el favorito de Sila Calderón para convertirse en su contrincante. El PPD lo clama a gritos. ¿Por qué será?

El Santini que hoy busca la gobernación, pero que dice que no la busca, es el alcalde de una Capital sucia, abandonada, hedionda, con más de 5,000 deambulantes, con motines y desórdenes en la Fiesta de San Sebastián, con los puentes pintados de violeta, con médicos piqueteando y con una obra inexistente. El que aspira hoy a sustituir a Pesquera es el mismo político que se ha vestido de vaquero, cocinero, policía, bicicletero, para convertirse en hazmerreír. El mismo que fue a Roma a la beatificación de Charlie Rodríguez. El del programa Adopta un Perro. El que lloró porque no le pasearon de frente a Miss Universo en el 2001. El que le prohibió a los estadistas recoger firmas frente al Coliseo. El que no estuvo presente y que criticó severamente a los 4 del PNP que fueron a enarbolar la bandera americana en la Procuraduría. El que le ha puesto escolta hasta al perro y tiene comités políticos "erróneos" en la Torre Municipal. Peor aún, el gran Santini es el que apoyó a los pollitos de Misla, a Nuno López, al que también Víctor Fajardo le hizo trabajo de campo, el que le dio contratos a Angie Rivera, el que redactó los contratos con Kourí, el que tenía en la nómina a dos convictos federales, el que le da contratos millonarios a sus padrinos políticos y el que las encuestas tienen 20 puntos al frente de Sila, en uno de esos engañosos y maravillosos espejismos de la opinión pública.

Yep. Esa es la naturaleza de la bestia. El tipo es un ganso. El Gran Gansini. Pero si el PNP quiere despojarse de la corrupción, enterrar los políticos profesionales, abandonar los estilos de engaño, rechazar las dobles caras, repudiar la ineptitud y no elegir candidatos vulnerables que la prensa y la oposición en un abrir y cerrar de ojos y en una etapa crítica de la campaña puedan hacer papilla, el santinismo fatal no puede ser su opción. Nunca he sido profeta en mi propia tierra. Pero tengo un récord perfecto: el tiempo me ha dado la razón...